Hace un tiempo, en un taller de filosofía, me preguntaron ¿Qué me hace mujer? En ese momento descubrí que no tenía la respuesta y no es que no la hubiera tenido nunca, cualquiera de las respuestas que se me pudieron ocurrir en cualquier otra circunstancia, en otra época de mi vida, en ese momento ya no me parecían validas.
Así es como en la búsqueda de una respuesta a la pregunta ¿Qué me hace mujer? se abre ante mi una realidad alterna, llena de voces, de teorías fascinantes; que lejos de resolver mis dudas, generan muchas otras y crean en mi una necesidad insaciable por conocer más acerca de la construcción social, política y económica del cuerpo.
Vagando entre definiciones de género, supuestos sobre el cuerpo o la sexualidad o las maneras de comprender cómo funciona el poder, me enfrento ante mis propias definiciones, que con frecuencia he asumido y solo han hecho mi vida menos vivible.
Habitándonos, mi narración gráfica, es mi ejercicio para dejar de lado las categorías que no me funcionan, es la búsqueda del placer sensual desde la alteridad, es el hallazgo de mi propia belleza y la que habita en una variedad infinita de pieles y deseos.

